- DEFINICIÓN
Según el diccionario de la Real
Academia (Julio Casares), el significado de ENCERRAR es: "Meter a una persona o cosa
en parte de la que no pueda salir. Incluir, contener. Retirarse del mundo; recogerse en
una clausura o comunidad". Por asociación, damos también el signifi-cado de la
palabra RECOGERSE: "Retirarse, acogerse a una parte. Retirarse del trato de la gente.
Retirarse a casa. Apartarse o enajenar el espíritu de todo lo terreno".
Como vemos, los significados actuales no son nada diferentes a los del siglo XVI. Lo
que sí re-sulta diferente son las connotaciones que tienen para los que vivimos cinco
siglos después. |
2. QUÉ ENTENDEMOS POR ENCERRAMIENTO
Estar encerrado, encerrarse, parece oponerse a conceptos tan
apreciados como libertad, apertura, extroversión... Por el contrario, todo lo que
"está abierto" es positivo, y valoramos, por ejemplo, el diálogo abierto, las
personas abiertas, las comunidades abiertas, los procesos abiertos...
La sociedad hace también su valoración y, así, se encierra a las personas peligrosas,
antisociales, con comportamientos que pueden dañar el bien común.
En el primer caso, se trata de actitudes personales por las que cada uno puede optar. En
el segundo, a la persona se le impone desde fuera la reducción o la falta total de
libertad.
En cualquiera de los dos casos vemos que la palabra encerramiento tiene hoy día, en
principio y en general, conno-taciones negativas.
Nosotras, sobre todo las que hemos vivido los tiempos anteriores e inmediatamente
posteriores al Concilio Vaticano II, pode-mos recordar el valor que se le daba, en la
espiritualidad de la vida religiosa, a la se-paración "del mundo", a los
espacios llamados de "clausura" en nuestras casas, a la insistencia en evitar
"la disipación" y "la falta de recogimiento" que podían llegarnos
por los ojos (mirando), por los oídos (oyendo), por la boca (hablando con los de fuera),
etc. Si bien no vivíamos en encerramiento -por no ser monjas de clausura-, sí que se
hacía bastante fuerza en una espiritualidad de apartamiento, de separación. Esta forma
de entender la vida religiosa tenía su origen en hechos aparentemente bastante sencillos:
la mayoría de las congregaciones religiosas de mujeres habían nacido en el siglo XVIII y
XIX. Y, aunque nacieron con un claro propósito de actuar directamente en la sociedad,
dentro de la Iglesia se les aplicó la misma legislación canónica que a las ordenes
llamadas contemplativas, dedi-cadas principalmente a la oración y al trabajo "intra
muros". En lugar de adaptar las normas a la espiritualidad original, se intentó
conciliar ésta a las normas.
A medida que el ser y el sentido de las congregaciones religiosas de religiosas, no
de monjas- se ha ido esclareciendo, han ido cayendo aquellos conceptos que aprendimos al
principio de nuestra vida religiosa, y se ha ido imponiendo otra visión de las cosas. Hoy
sabemos que nuestro corazón y nuestras comunidades han de ser lugares abiertos para todos
los que llamen a nuestras puertas. Y sabe-mos también que, a todos aquellos que no
llaman, hemos de salir a buscarlos en medio del mundo, porque nuestro lugar está entre
nuestros hermanos, no sólo con el espíritu, sino también con la presencia física, y
que esto no es concorde con encerrarnos dentro de los muros de nuestras casas.
- LA EXPERIENCIA DE TERESA DE JESÚS
Vamos a ver qué quiere decir Teresa de
Jesús cuando habla de encerramiento, de estar encerradas, de encerrarse. Ella utiliza
estas palabras siempre con el mismo sentido, pero aplicándolas a realidades distintas.
Teresa fue una innovadora. En la Encarnación no se guardaba clausura,
ni tampoco en los monasterios y conventos de la época. Como un signo contracultural
respecto a un estilo de vida monástico que no la satisfacía, decide que sus conventos
guarden clausura, encerramiento "muy estrecho", para que las monjas no se
pierdan en vanidades, ni otros negocios que puedan separarlas de su principal propósito y
ocupación, que es la oración. Aunque dice al fundar San José de Ávila que es "con
grandísimo encerramiento" (Carta a Lorenzo, 23-11-1561) tiene cierta
flexibilidad en lo que respecta a salir para asuntos de la Orden, a la propia iglesia del
convento, etc. Con el sentido común que la caracteriza, subordina la norma a la
normalidad. Esto no lo entenderían nunca aquellos que ponían todo su interés en
escribir normas para que las cumplieran otros; son esos que han existido en todas las
épocas de la historia, y todavía existen. A Teresa, de hecho, la acusan en varias
ocasiones de no respetar la clausura.
Curiosamente, ella nunca instalará sus conventos en sitios separados del núcleo de las
ciudades, ni en desiertos, ni en las afueras. Sabe que de lo que se trata es de que sus
monjas vivan la contemplación "solas con Él solo" (V 36,29), pero nunca
escapadas de la realidad.
Teresa se refiere a
ella de muchas maneras:
- "encerrarse en este cielo pequeño de nuestra alma"
(CV 28,5).
- Permitir que Dios la encierre: "Metióme el rey en la bodega del vino y ordenó
en mí la caridad" (Cantar de Cantares 5,1).
- Imitar al gusano de seda y encerrarse para morir y renacer: "...que van de sí
mismos hilando la seda y hacen unos capuchillos muy apretados adonde se encierran" (5M,
2,2). "...veis aquí, hijas, lo que podemos hacer con el favor de Dios: que Su
Majestad mismo sea nuestra morada, como lo es en esta oración de unión, labrándola
nosotras. Parece que quiero decir que podemos quitar y poner en Dios, pues digo que Él es
la morada y la podemos nosotras fabricar para meternos en ella" (5M, 2,5).
- Esconderse en Dios: "...crecido este gusano comienza a labrar la seda y edificar
la casa adonde ha de morir. Esta casa querría dar a entender aquí que es Cristo. En una
parte me parece he leído u oído que nuestra vida está escondida en Cristo, o en Dios,
que todo es uno, o que nuestra vida es Cristo" (5M, 2,4).
- Permanecer en Él: "También entendí: No trabajes tú de tenerme a Mí
encerrado en ti, sino de encerrarte tú en Mí" (R 18,1). "...y veréis
cómo vemos a Dios, y nos vemos tan metidas en su grandeza como lo está este gusanillo en
este capucho" (5M, 2,6).
Teresa concibe la clausura como
ayuda para la interioridad, para el encuentro con el Señor, nunca como fin en sí misma.
Por eso alerta a sus monjas que no se crean seguras por vivir detrás de los muros del
convento, ni tampoco por estar muy embebidas dentro de sí mismas:
- "Parece que nos quiere el Señor apartar de todo a las que aquí nos trajo, para
llegarnos más sin embarazo a Su Majestad aquí"
(CE 8,2).
- "Desasiéndonos del mundo y deudos y encerradas aquí con las condiciones que
están dichas, ya parece que lo tenemos todo hecho y que no hay que pelear con nada. ¡Oh
hermanas mías!, no os aseguréis ni os echéis a dormir, que será como el que se acuesta
muy sosegado habiendo muy bien cerrado sus puertas por miedo de ladrones, y se los deja en
casa. Y ya sabéis que no hay peor ladrón, pues quedamos nosotras mismas, que si no se
anda con gran cuidado y cada una como en negocio más importante que todos- no se
mira mucho en andar contradiciendo su voluntad, que pueda volar a su Hacedor sin ir
cargada de tierra y de plomo"
(CV 10,1).
- "... disponeros para alcanzar esta verdadera unión que queda dicha, que es hacer
mi voluntad una con la de Dios. Esta es la unión que yo deseo y querría en todas, que no
unos embebecimientos muy regalados que hay, a quien tienen puesto el nombre de
unión"
(F 5,13).
- "Y pues las monjas hacemos lo más, que es dar la libertad por amor de Dios
poniéndola en otro poder, y pasan tantos trabajos, ayunos, silencios, encerramiento (...)
pues ¿por qué nos hemos de detener en mortificar lo interior, pues en esto está el ir
todo estotro muy más meritorio y perfecto, y después obrarlo con mas suavidad y
descanso"
(CV 12, 1).
El objetivo de todo lo anterior es crear las mejores condiciones para
llegarse más a Dios y unir la voluntad con la de Él. Para comenzar a recoger el alma,
con su pedagogía riquísima, propone solamente "mirar la cosa más hermosa que se
puede imaginar" (CV 26,2), es decir, a Jesucristo. Y aclara que "no ha
menester alas para ir a buscarle, sino ponerse en soledad y mirarle dentro de sí y no
extrañarse de tan buen huésped" (CV 28,2). A esto le llama "recogimiento,
porque recoge el alma todas las potencias y se entra dentro de sí con su Dios, y viene
con más brevedad a enseñarla su divino maestro y a darla oración de quietud, que de
ninguna otra manera. Porque allí metida consigo misma, puede pensar en la Pasión y
representar allí al hijo y ofrecerle al Padre y no cansar el entendimiento andándole
buscando en el monte Calvario y al huerto y a la columna. Las que de esta manera se
pudieren encerrar en este cielo pequeño de nuestra alma, adonde está el que le hizo, y
la tierra, y acostumbrarse a no mirar ni estar adonde se distraigan estos sentidos
exteriores, crea que lleva excelente camino y que no dejará de llegar a beber el agua de
la fuente, porque camina mucho en poco tiempo" (CV 28,4-5).
Como en Moradas, el símbolo del castillo le sirve para explicar lo que quiere dar a
entender: "Pues hagamos cuenta que dentro de nosotras está un palacio de
grandísima riqueza, todo su edificio de oro y piedras preciosas, en fin, como para tal
Señor; y que sois vos parte para que este edificio sea tal, como a la verdad es así, que
no hay edificio de tanta hermosura como un alma limpia y llena de virtudes, y mientras
mayores, más resplandecen las piedras; y que en este palacio está este gran Rey, que ha
tenido por bien ser vuestro Padre; y que está en un trono de grandísimo precio, que es
vuestro corazón. (...) Yo bien entendía que tenía alma; mas lo que merecía esta alma y
quien estaba dentro de ella, si yo no me tapara los ojos con las vanidades de la vida para
verlo, no lo entendía. Que, a mi parecer, si como ahora entiendo que en este palacio
pequeñito de mi alma cabe tan gran Rey, que no le dejara tantas veces solo, alguna me
estuviera con Él, y más procurara que no estuviera tan sucia" CV 28,9.)
Esta presencia de Dios en el interior de la persona es siempre fuente
de caridad, de amor por los demás. Teresa avisa de que no se trata solamente de gozar de
la presencia, incluso previene de que el don de la unión con Dios no se alcanza con el
simple "encerramiento"; porque por encima de todo está siempre el amor a
los hermanos: "Cuando yo veo almas muy diligentes a entender la oración que
tienen y muy encapotadas cuando están en ella, que parece no se osan bullir ni menear el
pensamiento porque no se les vaya un poquito de gusto y devoción que han tenido, háceme
ver cuán poco entienden del camino por donde se alcanza la unión, y piensan que allí
esta todo el negocio. Que no, hermanas, no; obras quiere el Señor, y que si ves una
enferma a quien puedes dar algún alivio, no se te dé nada de perder esa devoción y te
compadezcas de ella; y si tiene algún dolor, te duela a ti; y si fuere menester, lo
ayunes porque ella lo coma, no tanto por ella, como porque sabes que tu Señor quiere
aquello. Esta es la verdadera unión con su voluntad, y que si vieres loar mucho a una
persona te alegres más mucho que si te loasen a ti" (M5, 3,11).
Teresa es maestra de vida espiritual, también de vida comunitaria y
relacional. Ella insiste en que haya unas normas de manera "que nadie pueda quitar
ni poner en ellas", y las escribe para sus conventos (aunque después el
Capítulo de Alcalá, en 1581, se las modifique). Pero insiste mucho más en el espíritu
que les ha de dar vida, y dedica a este espíritu sus grandes libros (Vida, Camino,
Moradas). Teresa sabe que los preceptos pueden ayudar a vivir, pero que la vida que ella
propone no parte de las normas sino del centro de la persona. La vida, el amor, la caridad
siempre proviene de dentro, de ese centro y mitad (de la persona, de la Comunidad) en el
que habita la Trinidad misma. La norma intentará recoger la vida, nunca será fuente de
ella |